Una de las razones por las que actualizo menos el blog es que trabajo de 17 a 23 (o más los fines de semana) en Kaffi Reykjavik, conocido por el Ice Bar entre los turistas ya que tiene un bar de hielo en una de sus salas. Estoy de camarera y menos con una chica islandesa super pizpireta que pasó un año en Paraguay hablo el resto del tiempo en inglés. Una vez que me he acostumbrado a pasar más de 6 horas de pie el trabajo no es demasiado duro, aunque las hormiguitas negras que parecemos las camareras no paremos quietas. Pero prefiero no parar quieta a aburrirme. Además como la mayoría elige el bufé de pescado, simplemente es tomar nota de las bebidas y que siempre tengan agua y pan en la mesa.

Trabajo con islandesas, lituanas y finlandeses. Tenemos una baby islandesa de 14 años (esto demuestra lo que necesita la mano de obra este país) que no se cómo se las arregla pero es la que más tiempo pasa en la postura de espera y no me vale que no pueda recibir a los clientes o pedirles nota. Entre las lituanas hay dos que me sacan un poco de los nervios. Son demasiado cuadriculadas y reinonas. Sin ser las camareras principales a veces quieren organizar cosas que ya están organizadas de antemano y no se rinden aún diciéndoles que “Hella me ha dicho que lo haga así” 5 veces seguidas. Además se contradicen entre ellas a veces. Pero ya he comprobado que este sentimiento de “me tienes hasta las narices” no es únicamente mío, asi que intento coincidir lo menos posible con ellas. El resto son un encanto y las finlandesas son geniales.

Lo del Ice Bar tiene su gracia las primeras veces, después es un coñazo por el frío que pasas ya que el bar está entre -6º y -20º y ni con el abrigo que hay que ponerse se está bien. Así que me pongo el abrigo que parezco blancanieves, les sirvo el cocktail, les hago la foto y me piro rapidito. Lo que no me termino de acostumbrar es de que me hagan fotos.

Cuando vienen españoles (pocos) me los encasquetan y ellos encantados de no tener que pensar en inglés. Aunque el otro día unos me preguntaron como se dice downstairs en español y como suele pasar, me miraron la raíz del pelo con ojos achinados cuando les dije que era española.