Mis últimos días en Reykjavik fueron muy ajetreados. El jueves acabé en una fiesta privada de la nueva hornada de Erasmus, se me hizo muy raro y muchos me parecían muy jovencitos. Supongo que la curiosidad y expectación por conocer lo que les espera los próximos meses rejuvenece a todos porque la verdad es que algunos tenían mi edad o un año menos y hace un año me sorprendía cuando alguien decía que tenía 20 añitos.

El viernes lo pasé entre trámites, compra de souvernirs y preparar la fiesta del sábado ya que Michele se había empeñado en que teníamos que hacer algo para que todo el mundo recordara esa fiesta. Por la noche me fui a una fiesta de despedida de un alemán donde era la única española y que hablara español, lo que me gusta porque me hace ponerme a prueba (¿En que tiempo verbal debería escribir esta frase?).

El sábado por la mañana me convertí el centro de atención de toda Laugavegur. Entré en el Bónus, cogí un carro de la compra, salí, fui a mi portal cargué tres paquetes que tenía que envíar a España y me fui todo Laugavegur abajo empujando acompañada del intenso ruido que hacía. Llegue minutos antes de que cerraran la oficina de correos. La mujer que me atendió sacó a relucir su humor islandés y me dijo que ya habían cerrado, tras subir las 3 cajas. Pero se la devolví cuando me preguntó por el carro del Bónus de la puerta y le dije que ese era mi coche. Después tocó comprar todo lo necesario para la fiesta y preparar la tarta. En este momento me di cuenta que no me apetecía pasar mi última tarde preparando cosas para una fiesta, pero ya era demasiado tarde. Me consolé en que como llovía no disfrutaría tanto la piscina. Michele preparó una tarta italiana, yo una tarta de queso. A las 11 de la noche dejé la tarta en el horno y me fui a casa a arreglar.

El problema era que la fiesta era en Höfði y que te tienen que abrir para entrar. La gente empezó a llamarme para que les abriera y yo en mi casa. Eso salvó mi tarta, ya que Michele se había olvidado. Estaba algo dorada por la parte superior. Cuando llegué a la fiesta, me escaqueé un momento y me encontré que la tarta estaba comestible. No estaba muy compacta, supongo que el cambiar la maicena por levadura no fue una gran idea al final, pero estaba muy rica. Uno de los nuevos italianos me preguntó si eso era tortilla de patata, pobre, supongo que tendrá oportunidad de probarla durante el nuevo año.

Durante la fiesta Michele se dio cuenta que no habíamos escondido las letras de la gymkana que habíamos preparado. Una pena porque había dejado de llover y en contra de lo que esperaba alguno de los veteranos esperaba con ansia conocer que era eso de “the game is ready!”. Estas eran las pistas que teníamos preparadas:

You can see the whole city and the city can see you.
From Norwey to Iceland in only one boat.
The fish is frozen but it’s always fresh. Don’t forget the older staff.
Frozen in Winter, one geiser in Summer and always cua, cua, cua… Go close where Iceland is inside.
S1, S2, S3, S4, S6, 5, 6, 11, 13, 14, 15, 16, 17, 18, 19. Everything starts from here.
Pylsur, Hamborgara, potatoes and vegetables cooked by yourself. It’s much more funny because you remember the great Icelandic concert.
Ikea is the mother of students, Google is the father and this is the place you can get the cheapest food in Iceland.

Llegaron los regalos, y con gritos de friki, friki, me dieron el mío. Una camiseta – souvenir que me había comprado esa tarde.

Mientras todos bajaban a los bares un amigo me llevó a ver un hot pot que había descubierto hacía poco y que tenía que ver antes de abandonar Islandia. El lugar es precioso, al lado del mar y con el faro a escasos metros. El agua estaba templada, pero no lo suficiente para que me animara a entrar. En los bares más despedidas, todas de tíos. Me he dado cuenta que este año me he llevado mejor con los tíos. Menos con las chicas de la Spanish house, una inglesa y otra alemana, el resto de la gente con la que más he tratado son tíos.

A la mañana siguiente la despedida más triste. Si el pasado cuatrismestre mi apoyo fue un valenciano, este fue un alemán surfero que ha tenido la paciencia de corregirme en mi pronunciación en inglés y aguantar todas mis comeduras de olla, aunque yo también tuve que consolarle muchas veces con sus amores. Gracias a él he conocido a bastante gente fuera del círculo Erasmus y me ha hecho sentirme muy feliz y segura de mi misma.

Silvia la catalana también vino a despedirse, pero aunque ni ella misma sabe cuando volverá a España confío en poder verla antes o después. Como ella dice, conseguimos entendernos.

En el aeropuerto me esperaba Michele ya que su vuelo era a la misma hora. Entre las últimas compras y la compañía la espera se hizo menos pesada. Muy triste el último abrazo / despedida delante de mi puerta de embarque.

En Alicante, un islandés me saludó en inglés. A principios de agosto le había conocido en unas cervezas a la salida del trabajo. No le había vuelto a ver aunque él se acordaba de mi nombre. Tenía una habitación reservada en un hostal justo en frente de la estación de autobuses y aunque él habla un poco de español se sentía más a gusto si yo hablaba con el taxista, con el de la habitación… Él había pasado 4 meses en Alicante estudiando hacía 2 años, asi que tras dejar mis maletas en su habitación, fuimos a dar una vuelta. Un islandés enseñando Alicante a una española. Recomiendo a todos el Cascarón, un bar con una puerta de medio metro cuyas paredes estan firmadas por los que por allí pasan. Tuve varios momentos de torpeza verbal ya que el islandés me decía cosas en inglés para que se las dijera al del hostal y yo se las decía en inglés y cuando acababa me daba cuenta que tenía que decírselas en español. Creo que no valgo para traductora.

A las 2 de la mañana cogí mi autobús para Madrid, llegando a Soria a las 10:30. Nunca más esta opción. La próxima vez o cojo dos vuelos seguidos o paso la noche en un aeropuerto.