Ayer fue el sorteo de la Lotería de Navidad y aunque no es el premio más cuantioso de España es una tradición más en estas fechas y te ves obligado a comprar algo por simple compromiso muchas veces. El gordo tocó en Soria y no, no me ha tocado.

Soria es una provincia pequeña donde todo el mundo se conoce y mi padre de camino a casa me ha estado contando a quien le había tocado. Como de costumbre era una enumeración de datos inútiles para mí ya que hace mucho tiempo desconecté del mercado habladurías y no sé quién es quién. Conozco a la gente de vista pero los que me conocen saben que yo y los nombres no nos llevamos bien. Mientras, una combinación entre diversión y desesperación se juntan cuando mis padres se empeñan en enumerarme el apellido familiar, el coche, el pueblo de origen, como se llaman los padres o abuelos, con quien festejan (palabra que me hace gracia porque se refieren a su novio o novia) en que trabajan o cosas similares de los agraciados.

Ayer en la radio un fenómeno aprovechaba para recordar que Soria estaba olvidaba. Esperemos que todo el dineral que llegue a Soria sirva para algo más que encarecer los precios de los pisos y ver coches caros en nuestras calles. Que un poquito de ese dinero que Hacienda va a recaudar de los agraciados vaya para terminar de una vez el túnel de Piqueras, hacer algo para que el arca de Noé que son las carreteras sorianas acabe y haya menos accidentes de tráfico y que construyan autopistas/autovías. Lo de meter bajo cerrojo a los caciques es tarea mucho más complicada.

Felicidades a los que les ha tocado la lotería y feliz Navidad a todos.