Como adelanté en el post anterior, el trabajo que encontré como seguidora de prensa fue un horror. El problema mayor no es que la tarea, y digo tarea porque solo tenía una tarea, fuera tediosa, que lo era y mucho, que hubiera mucho descontrol y una escasa planificación. El problema era la nula relación con mis compañeros. Todo comenzaba con los encargados y jefes que eran unos ariscos y cortarrollos. En PwC me dijeron que si todos eran así quizá la empresa buscaba ese perfil a propósito, no lo sé, pero con este ambiente de trabajo no van a conseguir que los trabajadores se identifiquen con la empresa y busquen mejorar ya que sólo desearán abandonar el puesto; con la consiguiente pérdida de tiempo para la empresa en formar otro trabajador.

No pido que mi puesto de trabajo sea un parque de atracciones, pero si estamos analizando noticias y buscando algo es normal que te encuentres auténticas barbaridades de las que te rías y te apetezca comentarlo en unos segundos. Pues no. Eran siete horas interminables en las que a veces se me cerraban los ojos del aburrimiento. Como me presentaron a mis compañeros como quien pulsa el botón de una máquina de refrescos y luego no surgía la posiblidad de conocer a nadie el tercer día tomé la decisión de recoger corriendo para meterme con ellos en el ascensor y presentarme como dios manda. Me contaron cuanto tiempo llevaban, que ellos también odiaban aquello y que la gente solía aguantar tres meses de media. Los días siguientes observé desprecios y burlas hacia el encargado cuando no estaba incluso desde otros departamentos.

Llegó la comida de navidad y los de la mañana me lo confirmaron. A nadie le caían bien los jefecillos. Alguno incluso declinaba a estar en el mismo lugar que ellos en sus momentos de ocio. Observé que a mis compañeros de la tarde el encargado no les dirigía la palabra en toda la tarde algunos días más que para decirles a eso de las ocho que se cambiaran a la carpeta de México. Yo tenía ‘algo’ de más de suerte porque le tenía al lado y él tenía un amigo de Soria e iba muy amenudo allí. Pero aún así se me puso cara de seta, no tenía ganas de hacer nada de lo mustia que me puse y ni iba a clase. Además entendí con todas las consecuencias lo que significaba trabajar para una ETT con contrato de obra y servicio: día que no trabajas, día que no cobras sea por puente o por enfermedad. Aquello se me hacía cuesta arriba por la nula relación y el día que desde mi casa me dijeron que más me hubiera valido haberme quedado en la beca envié un correo electrónico preguntando si podía volver, comiendome mis palabras sobre que no volvería nunca a una beca. El día que llamé para confirmar el día de mi incorporación casi se me saltaron las lágrimas cuando me dijeron: “oria, ¿eres tú?, feliz navidad y feliz año” ¿Veis como no cuesta ser amable?

Nota para documentalistas: esta mazmorra de explotadores se llama Docout y pertenece a OCS.