El pasado fin de semana volvimos a tener quedada, CarlÝtas y yo fuimos a ver a unos cuantos paninis. CarlÝtas aterrizó el jueves en Milán y aprovechó para agotármelos a todos y jugar al precio justo en Armani. El viernes llegué yo y tras dar cuenta del arsenal que teníamos nos fuimos a una fiesta Erasmus en Milán. Al salir nos tocó pelearnos con los de la puerta porque se ve que si consumes te tienes que guardar el tique de lo consumido para que te dejen salir y si no consumes tienes que canjear el flyer de la entrada por 15 €. Como a mi nadie me había dicho nada, a excepción de los brothers de San Remo y éramos tres los que no habíamos consumido nada, solté toda mi labia y me negué a pagar para salir de allí. Por mi podían llamar a los carabinieri, que ni en el flyer ni en ningún lado ponía nada y me daba igual que mi aspecto físico no les hubiera dado pistas de mi condición de guiri (palabras textuales). Al final misión cumplida: nos fuimos sin pagar por cansina. A la salida nos encontramos con un grupo de españoles que estaban de Erasmus en Milán. A fuerza de comparar mi Erasmus fue mejor, más destroyer e intercultural. Nos fuimos a casa con cuatro italianas petardas de 21 años de las que no conseguieron nada. Tras la bromita de con cual de los cuatro tíos tenía que dormir, cada uno se fue a su agujero. Que poco originales son a veces los tíos, en casa me hacen lo mismo cada vez que tenemos una visita: “esta es oria, con la que vas a dormir”.

Milan: Arco della Pace

El sábado hicimos una visita cultural por Milán. Estaba todo muy lleno debido a las rebajas. A media tarde quedamos con Marco y dos amigos suyos con los que estuve en los fiordos del oeste de Islandia en agosto y nos fuimos en coche a Turín para ver el partido de fútbol Torino-Inter de Milán. Fuimos a una asociacion a la que entramos gratis por ser extranjeros. Después a casa de Paolo a cenar comida casera italiana, como cuando estábamos en Reykjavik. Además teníamos embutido español que les encanta. Aunque Paolo se coma el jamón serrano con mahonesa. Aprovechando el artilugio que tenían en casa hicimos preparty en casa.

En el bar al que fuimos por la noche tuvimos otro problema con el comité de bienvenida. El lugar parecía un edificio abandonado con las paredes de piedra vista que me recordaba a un terrizo ocupado. Pertenecía a una asociación llamada Archi y era necesario tener un carnet anual para que te dejen entrar. Se ve que dicha asociación está en toda Italia y para los italianos es normal tener dicho carnet, pero no era plan de pagar el carnet para una sola noche y tuvimos que explicárselo. Esto no fue sencillo porque podríamos ser Erasmus y apovecharnos durante todo el año. Asi que les dijimos que se quedaran con nuestras caras aunque no las iban a volver a ver. Después de reirnos toda la noche, la peluca tipo hermanos Jackson de Paolo da mucho juego, todo se estropeó cuando por la mañana nos encontramos el coche de Marco abierto. Le habían forzado la puerta, doblándola, y le había robado el iPod, la cazadora y cd’s originales. Con el mal cuerpo que se le quedó al pobre se volvió a Milán a las 8 de la mañana. El domingo realizamos una visita turística de Torino. En resumen, un fin de semana muy divertido como en los viejos tiempos en Reykjavik. Además estuve rodeada siempre de chicos ya que ninguna otra chica vino, un pequeño paraíso si no fuera porque son sólo amigos.

Turín: Ponte de Pizza Vittorio

Turín: Piazza Castello

Impresiones de Milán y Torino:

  • Que timo esto de que te pongan vasos de plástico tipo cumpleaños en los bares.

  • Aunque en el norte hay menos mafia, tanta asociación y su forma de funcionar me daba mala espina.

  • Me sorprendió que en el centro comercial hubiera tíos buenos de negro riguroso que se dedicaban a chillar a la gente que no se detuviera en las puertas o cerca de las escaleras mecánicas.

  • Los tranvías y la niebla le dan un toque melancólico que me gusta.

  • Aunque con su estilo, tenía muchas veces la impresión de estar en Madrid.

  • Como me pasó en Alemania, tras el shock de Islandia aprecio mucho más la belleza de lo imperfecto y me impresiono menos con las iglesias por muy majestuosas que sean.